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Ejemplo de texto argumentativo: modelo completo y análisis de sus partes

19/04/2022 7 min de lectura Actualizado: 22/09/2026
Ejemplo de texto argumentativo: modelo completo y análisis de sus partes

Índice del artículo

Pregunta: ¿Cómo es un ejemplo de texto argumentativo bien estructurado?

Respuesta: Un texto argumentativo bien estructurado presenta primero el tema o problema, después una tesis clara que el autor defiende, luego argumentos respaldados con datos, ejemplos o autoridades, una refutación de la postura contraria y, por último, una conclusión que retoma la tesis. En un texto breve, cada parte suele ocupar uno o dos párrafos y estar unida por conectores.

Leer la definición de texto argumentativo ayuda poco cuando tenés que escribir uno para mañana. Lo que suele destrabar la tarea es ver un ejemplo real, desarmado en sus partes, y entender por qué cada párrafo está donde está.

En este artículo vas a encontrar un texto argumentativo breve, escrito para el ámbito universitario argentino, seguido de un análisis de su estructura y de los recursos que usa. Al final, una guía de pasos te permite aplicar el mismo esquema a tu propio tema.

Qué es un texto argumentativo

Un texto argumentativo es un escrito en el que el autor defiende una postura sobre un tema discutible y ofrece razones para que el lector la acepte. Su objetivo no es sólo informar, sino convencer o, al menos, lograr que el lector considere seriamente esa posición.

Tanto los materiales escolares del sistema educativo argentino como las guías de escritura universitaria coinciden en sus componentes básicos: un punto de partida o contexto, una tesis (la opinión que se defiende), los argumentos que la sostienen y una conclusión que retoma la tesis. Si querés profundizar en la teoría, el artículo sobre qué es un texto argumentativo desarrolla la definición y sus tipos.

Ejemplo de texto argumentativo completo

El siguiente modelo tiene unas 350 palabras, una extensión habitual para un trabajo práctico o una consigna de parcial. El tema es discutible, la postura es explícita y los argumentos no dependen de cifras inventadas.

Escribir también se aprende en la universidad

Cada año, miles de estudiantes ingresan a la universidad con la expectativa de aprender una disciplina. Pocos imaginan que una de sus mayores dificultades no será el contenido, sino la escritura: informes, parciales domiciliarios, monografías y, al final del recorrido, una tesina o tesis.

Frente a este escenario, sostengo que las carreras universitarias deberían incluir la enseñanza de la escritura académica como parte de sus materias, y no dejarla librada a lo que cada estudiante trae de la escuela secundaria.

En primer lugar, escribir en la universidad no es lo mismo que escribir en la escuela. Un informe de laboratorio, una reseña crítica o un estado de la cuestión tienen reglas propias de cada campo. Nadie llega sabiéndolas, del mismo modo que nadie llega sabiendo anatomía o contabilidad.

En segundo lugar, escribir es una forma de pensar la disciplina. Cuando un estudiante reformula un concepto con sus palabras o lo discute con otro autor, no sólo demuestra lo que aprendió: lo está aprendiendo. La investigadora argentina Paula Carlino, en Escribir, leer y aprender en la universidad, sostiene precisamente que la lectura y la escritura deben enseñarse dentro de cada materia.

Además, cuando la escritura no se enseña, sólo avanzan con facilidad quienes ya traen esas herramientas de su casa o de su escuela. Enseñarla es, también, una cuestión de igualdad de oportunidades.

Podría objetarse que los estudiantes universitarios ya deberían saber escribir y que el nivel superior no tiene por qué suplir déficits anteriores. Sin embargo, esa objeción confunde dos cosas: saber redactar correctamente y dominar los géneros de una disciplina. Lo segundo sólo puede aprenderse en la universidad.

Por todo lo anterior, incorporar la escritura académica a las materias no es un gesto de condescendencia, sino una forma de tomarse en serio lo que la universidad pide. Si se exige una tesis al final de la carrera, lo lógico es enseñar a escribirla desde el principio.

Análisis del ejemplo, parte por parte

El texto sigue la estructura clásica en cuatro momentos. Esta tabla muestra qué función cumple cada párrafo:

PartePárrafo del ejemploQué hace
Introducción o punto de partida1Presenta el problema: la escritura como dificultad inesperada.
Tesis2Enuncia la postura con un verbo de opinión («sostengo que»).
Argumentos3, 4 y 5Ofrecen tres razones distintas: especificidad de los géneros, escritura como aprendizaje, igualdad.
Contraargumento y refutación6Anticipa una objeción y la responde.
Conclusión7Retoma la tesis con una formulación nueva y cierra con una consecuencia.

La tesis: una sola idea, discutible y explícita

La tesis del ejemplo cumple tres condiciones. Es discutible (alguien podría sostener lo contrario), es precisa (no dice «la escritura es importante», sino qué debería hacerse) y aparece temprano, en el segundo párrafo. Una tesis que se limita a constatar un hecho, como «muchos estudiantes tienen dificultades para escribir», no alcanza: eso es el punto de partida, no la postura.

Los argumentos: razones de distinto tipo

Cada argumento ocupa su propio párrafo y aporta una razón diferente. El primero funciona por analogía (escribir se aprende como se aprende anatomía), el segundo se apoya en una cita de autoridad y el tercero en un argumento de valores. Variar el tipo de argumento hace que el texto resista mejor la crítica. Si querés ver más variantes, la guía de recursos argumentativos reúne los más usados.

Fijate que la autoridad está bien identificada: se nombra a la autora, su obra y lo que sostiene. Una referencia vaga del tipo «los especialistas dicen» debilita el argumento en lugar de reforzarlo.

La refutación: el párrafo que más convence

Muchos textos estudiantiles omiten el contraargumento, y es un error. Reconocer la objeción más fuerte y responderla muestra que el autor conoce el debate. En el ejemplo, la refutación se introduce con «podría objetarse» y se responde con «sin embargo», uno de los conectores adversativos más útiles para marcar el giro.

La conclusión: retomar sin repetir

La conclusión no copia la tesis: la reformula y agrega una consecuencia («si se exige una tesis, lo lógico es enseñar a escribirla»). Así el lector cierra la lectura con una idea nueva que se desprende de todo lo anterior.

Cómo escribir tu propio texto argumentativo en 6 pasos

  1. Elegí un tema discutible. Si nadie podría estar en desacuerdo, no hay nada que argumentar.
  2. Formulá la tesis en una oración. Probá completar: «Sostengo que… porque…». Si no podés, la postura todavía no está clara.
  3. Buscá entre dos y cuatro argumentos distintos. Datos de fuentes confiables, ejemplos concretos, autoridades del campo, relaciones de causa y consecuencia.
  4. Identificá la objeción más fuerte y escribí cómo la responderías.
  5. Ordená los argumentos. Una estrategia habitual es empezar por uno sólido, dejar el más débil en el medio y cerrar con el más fuerte.
  6. Uní las partes con conectores de orden («en primer lugar»), adición («además»), oposición («sin embargo») y conclusión («por todo lo anterior»).

Para ampliar la lista de razones posibles, podés revisar estos ejemplos de argumentos clasificados por tipo.

Errores frecuentes al escribir un texto argumentativo

  • Tesis ausente o escondida. El lector termina el texto sin saber qué se defendía.
  • Argumentos que repiten la tesis con otras palabras en lugar de justificarla.
  • Datos sin fuente. Una cifra sin respaldo resta credibilidad; en un trabajo académico, cada dato tiene que citarse.
  • Tono agresivo o descalificador hacia la postura contraria, que aleja al lector en vez de convencerlo.
  • Conclusión que introduce un tema nuevo sin relación con lo argumentado.

Del texto argumentativo al ensayo académico

El modelo de este artículo es breve, pero su lógica es la misma que la de un ensayo o de ciertos capítulos de una tesis: una postura, razones y una respuesta a las objeciones. La diferencia está en la extensión, la cantidad de fuentes y el aparato de citas. Si tu consigna es un trabajo más largo, los ejemplos de ensayos argumentativos muestran cómo se amplía este esquema.

Y si estás trabajando en un ensayo y querés que alguien revise la solidez de tus argumentos, en Tesis y Másters ofrecemos orientación y revisión de ensayos académicos.

Preguntas frecuentes

¿Cuántos argumentos tiene que tener un texto argumentativo?

No hay un número fijo, pero en un texto breve de una o dos carillas lo habitual es desarrollar entre dos y cuatro argumentos, cada uno en su propio párrafo. Importa más que sean distintos entre sí y estén bien respaldados que acumular muchas razones débiles.

¿La tesis siempre va al principio del texto argumentativo?

No siempre. La tesis puede aparecer al comienzo, que es lo más claro en textos académicos, o al final, cuando el autor prefiere llevar al lector por los argumentos antes de enunciar su postura. En trabajos universitarios conviene presentarla en la introducción para que el lector sepa qué se está defendiendo.

¿Se puede escribir un texto argumentativo en primera persona?

Sí. En textos de opinión y en muchos trabajos universitarios se acepta la primera persona para enunciar la tesis, por ejemplo con «sostengo que». En géneros más formales, como un artículo científico o ciertas tesis, algunas cátedras prefieren la impersonal. Lo mejor es revisar la consigna o preguntar al docente.

¿Qué diferencia hay entre un texto argumentativo y uno expositivo?

El texto expositivo explica un tema de manera objetiva, sin tomar partido, mientras que el argumentativo defiende una postura y busca convencer. Un texto sobre qué es la alfabetización académica es expositivo; uno que sostiene que debería enseñarse en todas las carreras es argumentativo.

Referencias bibliográficas

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